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Arquitectura y Diseño

En venta Mansión Playboy con inquilino y secretos

 

La noticia de la salida a venta de la Mansión Playboy por la friolera de 200 millones de dólares ha corrido como un reguero de pólvora en todo tipo de medios durante esta semana. La verdad es que es un notición en varios aspectos: por un lado, se trata de una gran operación inmobiliaria ya que con ese precio, la Mansión Playboy pasa a ostentar el título de la casa más cara de Estados Unidos, también hay que tener en cuenta que sus numerosas apariciones tanto en películas como en prensa variada por sus fiestas, excesos y titulares en general, han hecho de la Mansión Playboy una referencia mítica, icónica y muy envidiada de un “estilo de vida”… Pero por otra parte, el contrato de venta tiene mucha, muchísima letra pequeña y además, a la Mansión Playboy le podemos aplicar perfectamente eso de “si las paredes hablasen” ya que hay mucha vida, conocida y oculta que pasará a ser equipaje del posible nuevo dueño.

 

 

La Mansión Playboy ocupa una de las fincas más grandes de Holmby Hills (más de 6.000 metros cuadrados) y limita con el Country Club de Los Ángeles, y tan sólo el valor del terreno ya es de casi 100 millones de dólares. La casa es grandiosa, con elaborados artesonados de estilo Tudor, amplios ventanales y elegante mobiliario, pero necesita una remodelación, ya que está tal y como se decoró cuando fue adquirida en 1971.

 

 

The Playboy Mansion cuenta con seis dormitorios, seis baños completos y dos aseos de invitados. La planta principal cuenta con un gran salón de techos altos y paredes revistidas de paneles de roble tallados a mano que también se utiliza como sala de proyección de cine, tiene un órgano de tubos que ha sido restaurado en la década pasada; esta planta está también la cocina y un office con una puerta secreta para bajar a la bodega; el gran recibidor cuenta con una doble escalera que accede al primer piso, donde se encuentran el dormitorio principal y otras habitaciones, junto con cuatro oficinas. En el exterior cuidados jardines, piscina climatizada, un estanque con catarata, bar al aire libre y zona de cocina aunque lo más impresionante es la casa de baños de piedra con cuatro vestuarios, sauna, gimnasio y un área de bronceado y La Gruta, una cueva artificial con cuatro jacuzzis separados.

 

 

La finca cuenta con un pequeño casino en una construcción independiente, en el que se puede jugar póquer y cuenta con mesas de billar, máquinas de pinball, un piano y una antigua máquina de discos Wurlitzer con grabaciones de jazz; también cuenta con una casa de huéspedes de cuatro dormitorios con dos baños, una sala de estar y un solárium. La Mansión Playboy tiene un pequeño zoológico con aves exóticas y monos, y es uno de las pocas (si no la única) casa de Los Ángeles que tiene licencia para ello, licencia que se transferiría al nuevo propietario al igual que la licencia de pirotecnia, que tan contento tiene al vecindario las noches en que hay fiesta. Los agentes se encargan de la operación inmobiliaria son Mauricio Umansky de The Agency además de Gary Gold y Drew Fenton de Hilton & Hyland.

 

 

Todo el mundo habla de lo maravillosa, preciosa y lujosa que es la Mansión Playboy; de sus muchas habitaciones, de su estilo Tudor, de la asombrosa Gruta, del zoo…. Os voy a hablar de todo eso, sí, pero he preferido indagar un poco más y también os voy a contar algunas de las historias más secretas y oscuras que circulan sobre sus personajes, conejitas, inquilinos y sus extravagantes y excesivas fiestas.

 

 

 

Lo primero, vamos a comentar la letra pequeña de las condiciones de venta de la Mansión Playboy. Nadie duda de que es, probablemente la mansión más conocida del mundo; está situada en el número 10236 de la calle Charing Cross de Holmby Hills (Los Ángeles, California, Estados Unidos) y aunque todo el mundo da por hecho que el propietario de la mansión es Hugh Hefner, es una suposición incorrecta, ya que la propiedad pertenece a Playboy Enterprises, la empresa de la que fue fundador Hefner, pero de cuyo puesto como director está más que retirado y en cuya mesa de dirección no hay ningún Hefner, por mucho que el hijo pequeño de Hef, Cooper, quiera aparecer en los medios como el gran heredero de la empresa Playboy.

 

El caso es que a pesar de que Hugh Hefner está jubiladísimo (el próximo 9 de abril cumplirá 90 años) tiene sus acuerdos con Playboy Enerprises y uno de ellos es que la Mansión Playboy será su residencia hasta el día de su muerte; por lo tanto, si se lleva a cambo la venta de la propiedad, tendrá que ser respetando este acuerdo: Hugh Hefner deberá poder seguir viviendo en la mansión hasta su fallecimiento, deberá poder seguir utilizando las instalaciones de toda la propiedad como quiera y el comprador tendrá acceso a toda la propiedad excepto al famosísimo dormitorio principal de la primera planta, que será el último reducto de la antigua grandeza de Hef.

 

Visto lo visto creo que voy a empezar a escribir un guión sobre como encuentran a Hefner muerto, primero piensan que es de muerte natural y una intrépida investigadora, ex – playmate se da cuenta de que ha sido asesinado para poder disponer de la Mansión Playboy, porque tal y como yo veo este acuerdo, es terreno abonado para que pase algo parecido dados los pocos escrúpulos que, en general tiene la gente en estos tiempos.

 

 

La verdad es que con estas condiciones veo muy muy difícil que se realice esta operación inmobiliaria de venta de la Mansión Playboy a ese exorbitante precio y con inquilino vitalicio incluido, aunque no me extrañaría que apareciera algún reciente millonario ruso dispuesto a pagar lo que sea por sentirse como Hefner al precio que sea (millonario chino no que son mucho más tradicionales y puritanos y un jeque tampoco creo que desafíe tan públicamente la moral de su religión)

 

El que la Mansión Playboy salga a la venta justo ahora no es una casualidad, se ha editado el último ejemplar de la revista Playboy tal y como la conocemos y eso solo es la punta del iceberg. La accesibilidad que Internet ha proporcionado a los contenidos de carácter sexual de manera gratuita ha sido la principal causa de que la revista haya pasado de vender 5,6 millones de ejemplares en sus inicios a tan solo 800.000 en los últimos tiempos y aunque es verdad que Playboy Enterprises no es solo la revista Playboy, tiene muchos más tentáculos, desde ropa, perfumes, canales de televisón, clubes, etc… todo el imperio se basa en un concepto de vida, lujo y libertad sexual creado y transmitido por su fundador pero que ahora se ha quedado un poco desfasado, por lo que va perdiendo valor paulatinamente, sin prisa pero sin pausa.

 

Scott Flanders, director ejecutivo de Playboy Enterprises desde que en 2009 abandonara el puesto la hija mayor de Hef, pretende dar un nuevo giro a la orientación y contenidos de la revista Playboy a partir de marzo de este año y consecuentemente de todo el resto de negocios de la empresa, por lo que Playboy Enterprises necesita una inyección de capital que el consejo directivo ha determinado que conseguirán mediante la venta de la Mansión Playboy en California. Personalmente me parece que es una forma nada sutil de decirle a Hugh y a toda la familia Hefner que su tiempo de esplendor se ha terminado.

 

 

Me quedan muchísimas cosas por contar sobre esta operación inmobiliaria de la venta de la Mansión Playboy por la cifra record de 200 millones de dólares, sobre la decadencia y los oscuros secretos de la figura de Hugh Hefner y de las escandalosas, estrafalarias y pecaminosas fiestas por las que la casa se ha hecho famosa, sobre por qué abandonó Christie Hefner la dirección de Playboy Enterprises ante la traición de su marido, el el ex-senador demócrata por Illinois William Marovitz, que ganó más de 100.000 dólares vendiendo información privilegiada sobre la empresa, o sobre como su hijo pequeño Cooper está haciendo lo imposible para intentar que la Mansión Playboy –para él, la casa en la que creció- no cambie de propietarios… Muchísimas anécdotas sobre las conejitas, las orgías y la vida entre las paredes de la Mansión Playboy… daría casi para un libro.

 

Marga G.-Chas Ocaña

 

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