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Lujo en las Fiestas de Alcoy

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Puede que la culpa “indirecta” de la incorporación de la música al general, es decir, en las festividades de todo el territorio español, la tuviese el Rey Carlos III, precisamente un rey ilustrado y amante de la música, pero no llevado por una iniciativa “cultural”. Una Real Orden por él firmada prohibía el uso de armas de fuego en el interior de las poblaciones, prohibición consecuencia de la Guerra de Sucesión, cuando se impuso en todo el Imperio, cuyas pocas excepciones fue precisamente la entonces villa de Alcoy, hasta que este monarca la dejó sin pólvora para las celebraciones entre los años 1771 al 1796, es decir, no renovó el permiso que la eximía. ¿Y porqué su importancia en la música y en el modo de concebir la Fiesta? Configuradas las Filás (comparsas) en bando moro y cristiano, teniendo la recreación de una batalla, con sus Embajadas, y la Aparición de San Jorge sobre las murallas desde 1741, quedaba todo silenciado por la ausencia de arcabucería y cohetes durante 15 años.

alardo fiestas moros y cristianos

En esos 15 años los alcoyanos renovaron su desfile, siendo su recorrido distinto, pues entonces debían lanzar sus castillos de fuegos artificiales, mascletás y arcabuces a las afueras, en el río. Para paliar esa falta de “sonido”, se incrementó la presencia de bandas de música, se fueron incorporando a los desfiles, y eso gustó. Como consecuencia, en 1812 la filá Llana incorporó oficialmente una banda musical para su “Entrada de Moros”, reafirmándose sobre el tambor, las trompas y la dolçaina. Ese año marcará un punto de inflexión en la Fiesta, pues una vez recuperado el día del “alardo” de arcabucería, la importancia primordial de la música se establecía de forma definitiva, adoptando un nuevo estilo; el “pasodoble de Fiestas”. El diseño de los nuevos trajes (cada vez más acordes a la época representada), gracias a la apertura de Carlos III del comercio con Turquía (nuevas ideas para los diseños de trajes), se culminaría con una nueva imagen de San Jorge, que dejaba de lado a la “cucafea” (dragón) para ahora atacar a los moros, representando su intervención milagrosa en la Batalla.

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Durante los últimos dos siglos la estructura de la “trilogía” ha sido inalterada, salvo una ampliación del recorrido de las Entradas (desfiles) y procesiones. También se edificó a finales del XVIII un segundo templo derruyendo el anterior, bastante deteriorado por terremotos y el tiempo que no perdona. El actual (y tercero) data de 1915 y sigue el estilo bizantino elegido por los alcoyanos para sus Fiestas desde finales del XVIII, ya con muchas filás moras “a la turca” (los primeros diseños de este estilo ya se conocen en 1697, los llamados Sultanes, Domingo Miques, etc). Viendo a los cristianos a lo medieval bajo la parroquia, parece retrotraernos a un viejo pasaje del Tirant lo Blanc. Es en el XIX cuando surge en toda España un gusto por lo “regional” que configura definitivamente la Tradición y conservación en general. La riqueza industrial alcoyana se fue transmitiendo a su Fiesta Mayor. En esos años de siglos XIX y XX los ricos empresarios competían por lucir el mejor traje y mayor suntuosidad de carrozas y boatos (acompañamiento escénico) en el desfile. En 1876 se exhibe una “cucafea” articulada (y que escupía fuego) de 20 metros de longitud, construida en colaboración con la ciudad de Girona. Los diseños que se muestran en el “Casal”, su Museo de Fiestas, es sencillamente espectacular, ya que la gran mayoría de trajes y ornamentos se donan a esta Institución para su guarda y custodia. El paréntesis de la Guerra Civil es una excepción histórica, como otras etapas tristes de nuestra España.

La tradición hace olvidar muchas veces lo obvio. Se conmemora un acto de violencia salvaje entre seres humanos, pero también transciende a planos superiores de la cultura y el arte, que con los siglos va tomando ahora un significado distinto al original. Ya en el siglo XIX se invita a hermanos marroquíes y argelinos a participar en las Fiestas. En Orán se celebran Hogueras de San Juan y Moros y Cristianos (a su manera) y se incluyen minorías históricas como la Judía, aunque no se tenga constancia de su participación en la batalla histórica. Durante muchos años el anacronismo era corriente: marinos (en Alcoy no hay mar), romanos, piratas, estudiantes, capellanes, andaluces, sultanes, etc., hasta que se decidió seguir una pequeña “norma ética” que fue suprimiendo a los más inverosímiles. La Asociación de San Jorge ha sido la encargada de construir y velar por dicha normativa festera. Cada influencia que esta ciudad ha absorbido para luego adaptarla a la Fiesta, ha resultado un éxito. Los detalles que aportaban andaluces, madrileños o trabajadores venidos de más al norte, fusionaban bailes, gastronomía, música, al menos desde el siglo XVIII, dando nacimiento al “Pasodoble Valenciano de Fiestas”, surgiendo un estilo para las filás cristianas y otro más cadencioso para las moras, composiciones elaboradas por grandes músicos locales y de la vecina localidad de Cocentaina, principalmente. “Paquito el Chocolatero” sigue siendo la música más escuchada en el mundo, por encima de la música clásica, el pop o el rock & roll. Ha generado más de 60 millones de euros en Derechos de Autor tan sólo desde la década de los 80s hasta la actualidad, siendo un tema compuesto en 1937.

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La contribución de cada festero a la Fiesta varía según su Derecho, pero se puede establecer en unos 800 euros anuales de media. Sólo en Alcoy participan unas 15.000 personas y se queman más de 4.000 kgs de pólvora sólo en el Alardo (restringido ahora, pues se han llegado a quemar más de 6.000). Este Derecho (Fulla) te da la posibilidad de participar en todas las actividades relativas a la Filá y que se celebren durante todo el año. Se tiene que añadir el gasto para el traje (una media de 1.000 euros), que se usa sólo para los tres días de Fiesta Mayor, éste varía de unas filás a otras, pero os voy a dar datos puntuales de algunos gastos. Los cargos de Capitán y Alférez son los más importantes. Son trajes confeccionados especialmente para esos tres días y no se usarán nunca más. Al disponer en Alcoy de todas las industrias derivadas del textil y la fundición, todo lo relativo a la Fiesta se ha elaborado siempre en la misma localidad, además de ser el proveedor para el resto de localidades. Pero en los últimos años se ha querido ir más allá, buscando siempre la superación: el mejor acero toledano o los mejores turbantes turcos.

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Las espadas para estos cargos principales se diseñan en Toledo siguiendo los estándares medievales de forja y llevan incrustadas piedras preciosas en su empuñadura de metal precioso (plata, oro, titanio, platino). Para el bando cristiano últimamente se encargan también en Toledo el casco, partes de la armadura y los apliques metálicos. Muchas veces son réplicas de armas y armaduras usadas por reyes (como Alfonso el Batallador) o de caballeros medievales famosos. Las capas son espectaculares: armiño, visón, plumas de ave, bordados de oro, etc. Cada pieza del traje está cuidadosamente adaptada a su propietario, sea piel natural curtida, tejido de lana o seda, cotas de malla, el lino que protege de las rozaduras del casco, etc. Aunque la persona que lo encarga suele mantener en secreto el coste total de esta indumentaria tan especial, se han filtrado algunos presupuestos y muchos trajes han superado los 120.000 euros. Hasta hace unos años este ropaje del Cargo lo costeaba un particular, pero ha habido muchas excepciones donde ha sido la Filá quien diseñaba y encargaba dicho traje. El atrezzo del acompañamiento de los capitanes suele ser de lo más espectacular y hasta se alquilan o compran artilugios usados en Hollywood para películas famosas.

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Intentar comprender desde una posición de lejanía tanto esfuerzo para deleite o exhibición de tan sólo tres días, es una tarea difícil. Solamente quien ha vivido y sentido esa inmensa atracción por la música, por el olor a pólvora, a multitudes expectantes circulando entre el polen suspendido, al murmullo festivo que desata las emociones, puede comprender lo incomprensible y, de pronto, aparece un elefante barritando con un sultán de interminable sonrisa sobre su lomo. Esa sonrisa alcoyana es pegadiza, te hace cómplice de su primavera y de pronto se comprende lo que es la vida, nuestro estilo de vida, que no todo es trabajar y dormir, que la vida son dos días y nos merecemos tres días al año (en este caso del 22 al 24 de abril), al menos, para disfrutar.

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Toni Ferrando.

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