Jarrones chinos para coleccionistas

| 30 Mayo, 2017 | 0 Comments

Desde hace más de un siglo la cerámica china ( y la porcelana fina en particular) ha atraído siempre a los coleccionistas occidentales, de modo que primero en la época victoriana y luego los grandes magnates norteamericanos de principios del siglo XX, no obtenían el prestigio suficiente si en el recibidor de sus mansiones no exhibían uno o varios jarrones de la dinastía Ming auténticos. En aquella época se valoraban los trabajos artísticos y acabados, lo mismo que ahora, pero curiosamente destacaban sobre todo el tamaño, cuanto más grande, más asombraba a las visitas, hecho que surgiera una verdadera fiebre por encontrar los de esta época concreta de la Historia de China, pues han legado los ejemplares de mayor tamaño y de acabados más refinados, época que transcurre entre los siglos XIV hasta mediados del XVII de nuestra era.

Por un jarrón chino se han llegado a pagar sumas de verdadero escándalo, pero la mayoría de transacciones se han mantenido en el anonimato. En una subasta de Hong Kong, el empresario y coleccionista de arte de Las Vegas, Steve Wynn, adquirió uno fechado a principios de la Dinastía Ming por 10.1 millones de dólares (más de 78 millones de dólares de Hong Kong), cifra bastante considerable para tratarse de un “florero de barro”. Recuerdo que en la década de los años 60 y 70s del siglo pasado, en España era una moda muy extendida, de modo que las familias pudientes exhibían jarrones en sus recibidores y lindas vajillas de porcelana china. En el caso de mi familia, recuerdo que mi madre servía el té en una vajilla de porcelana muy fina, en cuyo fondo de las tazas se podía ver el busto de una chinita al trasluz y cada pieza venía sellada con un distintivo en caracteres chinos que corroboraban la autenticidad del producto.

Creo que el principal motivo de que se frenara esa “fiebre de jarrones chinos” se debió a la ya práctica habitual de la falsificación. Los profesionales de este delito se aprovecharon en primer lugar de la completa ignorancia de la caligrafía china que tenemos en Occidente, y luego, resulta muy difícil datar una pieza de cerámica, pues se necesitan instrumentos muy avanzados para comprobar su antigüedad. Resulta más sencillo adquirir una vajilla o cualquier pieza contemporánea, pues su precio no resulta excesivo, que arriesgarse al fraude por adquirir una pieza antigua. Para los coleccionistas de arte chino, conocedores de los estilos y de las piezas más representativas, ya es otro cantar, por eso en las subastas los precios suelen ser elevados, con precios que superan normalmente las cuatro cifras.

La cerámica en China sigue un proceso similar al resto del mundo, con piezas bastante rudimentarias hasta llegar a la época de la porcelana fina de la dinastía Tang (siglo VII al X), fecha en que se supone su invención, aunque se han encontrado muchas bellas piezas anteriores a esa datación. Pero de gran mérito y ya con el proceso que caracteriza la calidad de esta porcelana oriental, podemos decir que a partir del siglo VII surge ya en cantidades “industriales”. A pesar de una producción artesanal en grandes cantidades, su gran fragilidad ha dejado pocas piezas completas en nuestros días, casi todas a resguardo en los museos. Las piezas de porcelana chinas antiguas han dejado cifras mucho más elevadas que las de cerámica en las subastas de Sotheby´s a ambos lados del Atlántico, e incluso en sus sesiones en Oriente. El Jarrón Bainbridge fue adquirido en el 2010 por 86 millones de dólares en Londres. Poco después en Hong Kong, se pagaron casi 87 millones por una colección de 13 piezas.

Hasta principios del siglo XVIII no se consigue en Europa una calidad de porcelana equiparable a la china, y eso que Marco Polo hacía casi cinco siglos que expuso las primeras piezas traídas de aquel vasto país. Por esa época proliferaron los “maniáticos” de la porcelana, de modo que algunos afectados gastaron su fortuna por adquirir las mejores piezas. No fue un mal pasajero, pues se sabe de algunos ricos con “porcelanitis” en pleno siglo XX. Desde esa fecha de principios de 1700, las colecciones se diversificaron, con porcelanas de altísima calidad elaboradas en España, Francia, Alemania, Italia e Inglaterra principalmente, con variedades que diversifican también la especialidad de la porcelana en un oficio rico por complejo, cuyo arte se debe a los laboriosos chinos, que supieron guardar el secreto de su elaboración durante más de mil años.

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Category: Coleccionismo

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